De Sant Adrià al mundo: La cresta rebelde de Thievy

RCD Espanyol

Lo tenía todo de cara para ser una estrella en el Espanyol; pero acabó estrellándose por creerse más de lo que era.

La historia del Espanyol está llena de jugadores que fracasaron. Unos porque su nivel no daba para más, otros porque jamás supieron adaptarse a su nuevo entorno de trabajo y otros, en menor medida, porque tomaron el camino incorrecto. Thievy Bifouma fracasó por las tres razones.

El díscolo atacante fue un rayo de esperanza en una cantera de tradición defensiva. La llegada de Thievy al fútbol base hizo que la afición pronto se enamorara de él gracias a un carisma que, a la postre, sería un arma de doble filo. Un carácter desenfadado, la velocidad supersónica característica de los delanteros de raza africana y un peculiar peinado eran los distintivos de Thievy. El espanyolismo se volcó con él; pero el rebelde delantero jamás supo devolver el cariño que recibió. Ahora, con 26 años, vive su décima aventura en un equipo turco de nombre impronunciable.

Thievy salió del desaparecido ‘Draft Blanc i Blau’ y en su presentación en sociedad dejó una actuación inolvidable. El francocongoleño, de la mano de Mauricio Pochettino, aprovechó al máximo la Copa Catalunya de 2011 anotando un hat-trick contra el Barça B. Thievy se sacó de la chistera un gran repertorio de cambios de ritmo, desmarques incesantes, galopadas tremendamente sencillas para un ser genéticamente superior, regates dentro del área y un espíritu de lucha encomiable. De acuerdo, no tiene el mismo mérito dejar sentado a Armando Lozano que a Samuel Umtiti; aun así, la pulsión de comparar a Thievy, salvando las distancias, con una especie de Samuel Eto’o fue tan inevitable como placentera. Pochettino, incluso, le dio minutos en Primera División contra el Deportivo de La Coruña pese a estar en edad juvenil.

El desparpajo del francocongoleño se vio con cuentagotas en la temporada 11/12. Thievy fue alternando encuentros en la élite y el Espanyol B, donde se convirtió en uno de los reclamos del equipo en Tercera División. En este contexto, la dirección técnica del Espanyol vio en Thievy un potencial tremendo que, dadas las circunstancias del primer equipo, no se podía desarrollar con garantías. Se le buscó una cesión adecuada a sus características balompédicas que le garantizara minutos en una categoría que le exigiera. Se marchó a la UD Las Palmas; y a partir de entonces se truncó todo.

En el cálido archipiélago se juntaron el hambre con las ganas de comer. La forma de ser del futbolista iba en perfecta consonancia con la de los canarios. De sobras es conocido el gran ambiente festivo de las islas, sobre todo, en las horas más golfas de la madrugada. Mientras Thievy iba estrechando su relación con el agua con misterio también iba enamorando a su nueva afición en Segunda División. De hecho, en la UD Las Palmas se pueden considerar privilegiados, ya que son los únicos que han vista la mejor versión del alocado delantero.

El Espanyol, viendo los 14 goles y 10 asistencias en todas las competiciones, dio el primer paso para repatriar a Thievy, cuyo deseo era permanecer una temporada más en Gran Canaria. Los responsables periquitos renovaron hasta 2017 al jugador; una operación que convirtió a Thievy en uno de los mayores lastres de las últimas décadas. Volvió a vestir la elástica blanquiazul pero fue incapaz de honrarla. La indisciplina fue la tónica constante de Thievy y, en el mercado invernal del curso 13/14, el Espanyol lo facturó al West Bromwich Albion de Pepe Mel, donde el delantero no quería ir. El día de su debut marcó contra el Crystal Palace pero el conjunto inglés pronto se cansó de él. Thievy solamente acumuló 6 partidos en la Premier League.

En su vuelta a Barcelona los desplantes hacia el Espanyol fueron cada vez más constantes. Thievy hacía tiempo que había entrado en una rueda tóxica de indisciplina y compañías de dudosa influencia de la que no quería ni podía salir. El francocongoleño quería irse del Espanyol a toda costa para jugar en el Málaga por razones personales. Eso era lo único que sabían los mandatarios blanquiazules. El conjunto catalán no quería ceder a las pretensiones del delantero; los malagueños solamente querían al jugador a préstamo y con ciertas condiciones mientras el atacante se encontraba en paradero desconocido.

Las negociaciones con el Málaga, de cara a la temporada 14/15, se dilataron demasiado en el tiempo. En este escenario de incertidumbre apareció la UD Almería y el Espanyol allí que lo mandó. Y de allí al Granada. Y luego al Stade Reims francés. Thievy, con una cresta tan indomable como su carácter, no consiguió sentar la cabeza en ningún equipo. Thievy, al final, se convirtió en ese niño de orfanato que va de hogar en hogar porque nadie lo aguanta. Y el Espanyol, su particular hospicio, se quitó un gran peso de encima cuando en 2016 se deshizo de forma definitiva del jugador tras disolver su relación contractual, cerrando así un capítulo eterno. El Bastia, sin saber muy bien dónde se metía, se ofreció a repatriar al atacante. Córcega es una isla, pero no es Gran Canaria; así que Thievy no duró ni una temporada en tierras francesas.

Desde comienzos del 2017 ha pasado por tres equipos turcos, en los que ha durado más bien poco. Si usted lee el artículo hoy Thievy está jugando en el MKE Ankaragücü; pero si lo lee mañana es probable que ya no esté ahí.

¿Tendría sitio en el Espanyol de Rubi?

Evidentemente que no. Ni en el de ningún entrenador con dos dedos de frente.

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